ISLAS DE CALOR AGRAVAN EL CLIMA EXTREMO Y LA CALIDAD DE VIDA EN LA CIUDAD
- Roberto Quintero M.
- 17 jun
- 2 Min. de lectura

Hermosillo, Sonora.-
El calor extremo que cada verano azota a Hermosillo ha dejado de ser una simple incomodidad para convertirse en una emergencia urbana: el crecimiento alarmante de las islas de calor, zonas donde las temperaturas se disparan por encima del promedio y afectan gravemente la salud, el medio ambiente y la economía de la ciudad.
Este fenómeno ocurre cuando ciertas áreas urbanas acumulan y retienen más calor que sus alrededores, y se agrava debido a factores como el exceso de asfalto y cemento, la falta de árboles y vegetación, la contaminación atmosférica y el diseño urbano que bloquea el flujo de aire.
El ingeniero y fotógrafo Sergio Müller evidenció recientemente la magnitud del problema a través de un mapa de calor satelital de Hermosillo, donde los tonos más oscuros revelan zonas críticas expuestas a temperaturas elevadísimas, mientras que las pocas zonas azules, más frescas, se asocian a áreas con vegetación, sombra o cuerpos de agua.
Entre los principales focos rojos se encuentran lotes baldíos, casas sin árboles, vialidades sin sombra, cerros quemados y zonas industriales, especialmente hacia el poniente de la ciudad, donde —según Müller— “Hermosillo literalmente se está quemando”.
Consecuencias graves de las islas de calor:
Aumento en el consumo de energía por uso excesivo de aire acondicionado.
Riesgos a la salud como insolaciones, deshidratación y golpes de calor.
Mayor contaminación por concentración de gases de efecto invernadero.
Impacto económico agravado por el cambio climático.
¿Qué se puede hacer?
Expertos proponen diversas soluciones para mitigar este fenómeno:
Reforestación urbana y corredores verdes.
Desarrollar ecobarrios y techos verdes.
Incentivos fiscales para quienes conserven o planten árboles.
Movilidad sostenible y reducción del tráfico contaminante.
Arquitectura bioclimática y materiales que no retengan tanto calor.
Lamentablemente, las políticas urbanas recientes han apostado por el cemento y la tala indiscriminada, pavimentando camellones y eliminando sombra natural que antes protegía a la población.
Hoy, Hermosillo enfrenta un momento crítico: si no se actúa con urgencia, la sombra se convertirá en un recuerdo del pasado.
Es tiempo de repensar la ciudad, poner en el centro al medio ambiente y proteger a sus habitantes del calor que ya no perdona.







