¡NADA COMO EL AGUA DE TINAJA! ASÍ COMBATEN EL CALOR EXTREMO EN SONORA
- Roberto Quintero M.
- 8 jul 2025
- 2 Min. de lectura

Hermosillo, Sonora.-
El calor en Sonora no perdona, y aunque cada año sorprenden los termómetros con temperaturas que rebasan los 45 grados, la gente del desierto ha encontrado formas tradicionales de resistir el clima extremo, entre ellas, el uso de tinajas y cántaros de barro para mantener el agua fresca.
Expertos recomiendan consumir entre 2 y 3 litros de agua al día, clave para mantener el cuerpo a temperatura adecuada y evitar golpes de calor. Aunque en la actualidad abunda el agua purificada y embotellada, en ranchos y pueblos sonorenses aún se utiliza el agua de río, de buena calidad y perfecta para el consumo humano.
Una de las imágenes más presentes en la memoria colectiva es la sensación refrescante de tomar agua de tinaja en un pocillo de peltre, donde el agua adquiere un sabor único del barro y del metal, convirtiéndose en un placer sencillo pero memorable para quienes crecieron en estas tierras áridas.
La conductora Daniela Orduño compartió en sus redes sociales un recuerdo de su infancia, recordando a su abuela mientras mostraba un pocillo similar al que utilizaba para beber agua en aquellos días de calor sofocante.

“Yo creo que fui de las últimas generaciones que le tocó tomar agua así, en este vasito de peltre, mi nana tenía su tinaja de este lado y agarrábamos agua, bien helada estaba, esta no es agua de tinaja, pero les quería enseñar donde la tenía mi nana”, relató Daniela, mientras invitaba a mantener vivas estas costumbres que se disfrutan aún más en pleno verano sonorense.
Estas prácticas no solo representan un hábito de hidratación, sino también una tradición que conecta con la memoria de los abuelos, con los patios polvorientos y las casas frescas de adobe, donde un simple trago de agua podía ser el alivio más grande en medio de un día caluroso.
En un estado donde el sol se siente de verdad, volver a casa y refrescarse con agua fría sigue siendo uno de los mayores placeres de vivir en el desierto. Porque, como dicen en Sonora, “si aguantamos el solazo, al menos merecemos el agua fresca”.


