FATIGA DIGITAL MARCA UN CAMBIO DE ERA EN REDES SOCIALES RUMBO A 2026
- Roberto Quintero M.
- 2 ene
- 3 Min. de lectura

Usuarios rechazan el contenido artificial y saturado; crece la demanda de autenticidad y conexión humana
La cultura digital está entrando en una etapa de madurez forzada. Lejos de consumir todo lo que aparece en sus pantallas por simple inercia, las y los usuarios ahora seleccionan, filtran y, con mayor claridad, rechazan aquello que perciben como artificial, repetitivo o vacío. Este fenómeno, cada vez más evidente, está redefiniendo la forma en que se producen y consumen contenidos en redes sociales.
¿Qué es la fatiga digital y cómo afecta al usuario?
Este comportamiento se conoce como fatiga digital, un estado que combina cansancio cognitivo, saturación emocional y desconfianza hacia el contenido excesivamente automatizado. Así lo advierte The (Social Media) Times They Are A-Changin’, el informe anual de tendencias de la consultora Good Rebels, que analiza el presente de las redes sociales y anticipa los cambios en la relación entre marcas, plataformas y audiencias rumbo a 2026.
El diagnóstico es contundente: hay demasiados estímulos, demasiada publicidad y una sobreproducción de contenido generado por inteligencia artificial que, aunque abundante, carece de significado. El estudio señala una caída sostenida en la atención de los usuarios; en plataformas como TikTok, el tiempo promedio de visualización ya se sitúa por debajo de los cuatro segundos.
Además, el 91 por ciento de los usuarios percibe un exceso de anuncios, mientras que el 71 por ciento afirma dejar de comprar tras experiencias publicitarias intrusivas. Más que una rebeldía digital, el informe define este comportamiento como un agotamiento generalizado.

El rechazo al contenido automatizado
A medida que se multiplica el uso de inteligencia artificial en la creación de contenidos, también crece su rechazo. Las audiencias identifican estos materiales como homogéneos, previsibles y carentes de “alma”. El problema no es la IA en sí, sino su aplicación sin criterio, que produce contenidos excesivamente pulidos y poco creíbles, generando una sensación constante de déjà vu que erosiona la confianza y acelera el abandono de las plataformas.
En paralelo, se consolida una economía emocional del consumo. La incertidumbre financiera y la sobreestimulación digital han vuelto a los usuarios más cautelosos. En el caso de la Generación Z, marcada por la precariedad y la hiperexposición en línea, la nostalgia se convierte en refugio: un 37 por ciento muestra afinidad por la estética de los años 90 y 2000, tendencia que se refleja en la moda, el diseño y el tono del contenido.
Hacia espacios más íntimos y humanos
Este cansancio digital también está empujando a los usuarios hacia entornos más privados. El uso activo de las redes se desplaza a comunidades pequeñas, círculos cerrados y plataformas de mensajería, donde la conexión auténtica predomina sobre la exhibición pública.
La necesidad de desconectar es tan fuerte que Pinterest ha registrado un aumento del 72 por ciento en búsquedas relacionadas con el digital detox. Ante este escenario, el informe de Good Rebels es claro: la oportunidad para las marcas no está en competir con la inteligencia artificial, sino en reivindicar lo humano.
Procesos reales, errores, espontaneidad y narrativas auténticas pesan hoy más que cualquier contenido perfecto. El 61 por ciento de los usuarios confía más en creadores que en marcas, y el 75 por ciento descubre productos a través de ellos. De cara a 2026, los creadores ya no solo amplifican mensajes: construyen cultura y transforman las redes en espacios de comunidad.
Así, en un entorno saturado, sobrevivirán y destacarán los contenidos que abandonen la estridencia, abracen la imperfección y apuesten por valores claros, evolucionando hacia una comunicación más real, más humana y, finalmente, más consciente.







