ENTRE BRINDIS Y SILENCIOS: LA OTRA CARA DEL FIN DE AÑO QUE MUCHOS PREFIEREN CALLAR
- Roberto Quintero M.
- 28 dic 2025
- 2 Min. de lectura

El cierre de un año suele presentarse como una temporada de celebración, abrazos y balances positivos. Sin embargo, detrás de las luces, las cenas y los deseos de “feliz año”, existe una realidad emocional que no todos viven con alegría. Para muchas personas, diciembre puede convertirse en un periodo complejo, marcado por tristeza, ansiedad, sensación de vacío e incluso síntomas depresivos. No es exageración ni “drama”: hay razones claras y humanas detrás de esto.
Durante estas fechas, la sociedad multiplica sus rituales simbólicos: convivir, agradecer, celebrar. Pero cuando la realidad personal no coincide con ese ideal, el contraste puede volverse doloroso. La presión por cerrar ciclos “con éxito”, participar en reuniones familiares o cumplir expectativas puede amplificar emociones que estuvieron contenidas durante el año.
La psiquiatra Graciela Moreschi explica que las fiestas funcionan como un “espejo emocional”: reflejan vínculos, ausencias y carencias que durante otros meses pasan desapercibidas. En este contexto, la soledad se vuelve más visible, los conflictos familiares se sienten más intensos y el recuerdo de etapas pasadas —especialmente la infancia— puede despertar nostalgia o frustración.
Por su parte, el psiquiatra Rolando Salinas, jefe de Salud Mental del Hospital Alemán y profesor en la UCA, señala que esta tristeza no constituye un síndrome clínico, sino una reacción humana ante un cambio simbólico de etapa. El balance entre lo logrado, lo perdido y lo postergado puede resultar abrumador, especialmente en quienes cargan con autocrítica, cansancio laboral o presiones económicas.

El impacto en personas mayores
En el caso de los adultos mayores, la experiencia emocional depende en gran parte de su red de apoyo. La psicóloga Emilce Schenk, del Centro Hirsch, advierte que quienes cuentan con vínculos reducidos pueden experimentar mayor melancolía, ansiedad y sentimientos de desconexión. Recomienda planificar estas fechas respetando tiempos, energía y necesidades afectivas, sin imponer la obligación de festejar.
¿Cómo transitar el cierre de año sin negar las emociones?
Aceptar la tristeza como parte de la experiencia humana es uno de los pasos más importantes. “No se trata de taparla, sino de escucharla”, señala Moreschi. Compararse con otros —o con versiones idealizadas de uno mismo— suele ser injusto y poco realista. En personas mayores, la presencia, la escucha activa y el respeto por los límites emocionales se vuelven fundamentales.
Y si las sensaciones persisten o se intensifican, buscar acompañamiento de profesionales de salud mental no significa debilidad, sino responsabilidad y autocuidado.
Salinas recuerda que estas fechas no nacieron como una exigencia de alegría superficial, sino como un rito simbólico de cierre y esperanza. “Confundir alegría con sentido es un error común”, afirma.
Porque también es válido recibir el Año Nuevo con calma, con pausas, con lágrimas sinceras o con silencios necesarios. No todos celebran igual, y está bien.







