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CAMBIAN LOS MANDOS, PERO NO LOS ERRORES

  • Roberto Quintero M.
  • hace 2 minutos
  • 2 min de lectura

Agua Prieta, Sonora.-

 

Cada cambio de mando militar llega acompañado de discursos optimistas, promesas de renovación y anuncios de estrategias supuestamente más eficientes. Sin embargo, para una gran parte de la ciudadanía, la realidad sigue siendo exactamente la misma: cambian los uniformes al frente, cambian los nombres en los comunicados oficiales, pero los errores operativos, los cuestionamientos y los pobres resultados permanecen intactos.

 

La rotación de mandos parece haberse convertido en una medida cosmética incapaz de corregir problemas estructurales que se repiten una y otra vez.

 

Las calles de Agua Prieta continúan siendo escenario de persecuciones a alta velocidad en zonas urbanas, maniobras de riesgo en sectores habitacionales y operativos que, lejos de transmitir confianza, generan preocupación entre las familias. Resulta difícil entender cómo se puede justificar una estrategia que coloca a ciudadanos inocentes en medio de situaciones potencialmente peligrosas mientras los resultados tangibles en materia de seguridad siguen siendo limitados o, en algunos casos, prácticamente inexistentes.

 

Igualmente preocupante es la resistencia a la crítica. Cada vez que medios de comunicación, ciudadanos o sectores de la sociedad señalan irregularidades, fallas o excesos, la respuesta parece enfocarse más en desacreditar al mensajero que en corregir el problema denunciado. Una institución verdaderamente comprometida con la seguridad pública entiende que la rendición de cuentas fortalece la confianza ciudadana; una que rehúye el escrutinio público termina alimentando la sospecha y el descontento social.

 

La presencia militar por sí sola no garantiza mejores condiciones de seguridad. Las labores policiales exigen preparación especializada, conocimiento del entorno urbano, capacidad de proximidad social y protocolos estrictos para proteger a la población civil. Cuando las estrategias operativas generan más cuestionamientos que resultados, la discusión deja de centrarse en quién ocupa el mando y comienza a enfocarse en la efectividad real del modelo que se está aplicando.

 

Agua Prieta no necesita más relevos administrativos disfrazados de soluciones. Necesita resultados verificables, transparencia institucional y estrategias que privilegien la seguridad de los ciudadanos por encima de la apariencia de control. Porque cuando los mandos cambian constantemente pero los errores sobreviven a todos ellos, la conclusión es inevitable: el verdadero problema no está en quién dirige los operativos, sino en una estrategia que sigue demostrando ser incapaz de responder a las necesidades de la comunidad.

 
 
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